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La Alteración de la Ley de Dios

 

1. Principio

Creemos que la profecía de Daniel 7:25, “…y pensará en cambiar los tiempos y la ley; …”, se ha cumplido. Se anuló de los Diez Mandamientos el segundo que prohíbe la veneración y adoración de las imágenes. El sábado, establecido en el cuarto mandamiento, se cambió por la introducción injustificada del primer día de la semana, el domingo, como día de reposo del estado y de la iglesia. El décimo mandamiento fue dividido en dos para restablecer de nuevo el número ‘diez’.

 

 

2. Introducción

Por medio del profeta Daniel Dios declaró lo que pasaría en el futuro y lo que pensaría hacer el poder representado por ‘el cuerno pequeño’: “Y hablará palabras contra el Altísimo, y a lo santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley” Daniel 7:25. “…un cuerno pequeño que creció mucho …Y se engrandeció …” Daniel 8: 9, 10.

Este ‘cuerno’ se describe en una forma muy detallada en la Sagrada Escritura: “…he aquí, en este cuerno había ojos como ojos de hombre, y una boca que hablaba grandezas” Daniel 7:8

“Aún contra el príncipe de la fortaleza se engrandeció y por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado por tierra” Daniel 8:11 y además “…hacía guerra contra los santos, y los vencía” Daniel 7:21. Esta descripción, así como las características de este ‘cuerno pequeño’ nos permite constatar que se trata de un poder, pues la Biblia indica que “…cuernos …son reyes…” Apocalipsis 17: 12 y en Daniel 7:24 se confirma el mismo principio interpretativo: “… cuernos significan … reyes…”. Así pues, éste será un poder que directamente en contra de Dios, su verdad y su pueblo, tal como se describe en 2 Tesalonicenses 2:3, 4 “… se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, oponiéndose, y levantándose contra todo lo que se llama Dios, o que se adora, tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose parecer Dios.”

“El rasgo más característico de la bestia, y por consiguiente de su imagen, es la violación de los mandamientos de Dios. Daniel dice del cuerno pequeño, o sea del papado: ‘Pensará en mudar los tiempos y la ley.’ (Daniel 7: 25.) Y San Pablo llama al mismo poder el ‘hombre de pecado,’ que había de ensalzarse sobre Dios. Una profecía es complemento de la otra. Sólo adulterando la ley de Dios podía el papado elevarse sobre Dios; y quienquiera que guardase a sabiendas la ley así adulterada daría honor supremo al poder que introdujo el cambio. Tal acto de obediencia a las leyes papales sería señal de sumisión al papa en lugar de sumisión a Dios.” El Conflicto de los Siglos, 500

 

 

3. Definición

La alteración de la ley de Dios o el cambio en algunas de sus palabras es de máxima gravedad, pues al respecto se nos dice en las Sagradas Escrituras: “…Si alguno añadiere a estas cosas, Dios pondrá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro” Apocalipsis 22:18, 19. Esta declaración bíblica se refiere directamente al mensaje incluido en el libro de Apocalipsis, pero el principio es aplicable a todo mensaje enviado por Dios, el cual no puede ser manipulado de acuerdo a la idea humana. La sentencia que se pronuncia acerca de cambiar la Palabra de Dios es la pérdida de la salvación y la condenación irremisible.

Las Palabras divinas a su pueblo antes de la entrada a Canaán son realmente importantes, en cuanto al tema que se trata: “Ahora pues, oh Israel, oye los estatutos y derecho que yo os enseño, para que los ejecutéis, y viváis, y entréis, y poseáis la tierra que Jehová el Dios de vuestros padres te da. No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno” Deuteronomio 4:1, 2 y un pensamiento semejante se encuentra en el mismo libro 12:32 “Cuidaréis de hacer todo lo que yo os mando: no añadirás a ello, ni quitarás de ello”. Está, absolutamente, prohibido por Dios alterar su Palabra.

“Toda palabra de Dios es limpia; es escudo a los que en él esperan. No añadas a sus palabras, porque no te reprenda, y seas hallado mentiroso” Proverbios 30:5, 6. Añadir a la palabras divinas es considerado un acto digno de reprensión y mentiroso y acerca del último se dice: “… a todos los mentirosos, su parte será en el lago ardiendo con fuego y azufre, que es la muerte segunda” Apocalipsis 21:8

En contestación al aserto de que a la muerte de Cristo quedaron abolidos los preceptos del Decálogo juntamente con los de la ley ceremonial, decía Wesley: “La ley moral contenida en los diez mandamientos y sancionada por los profetas, Cristo no la abolió. Al venir al mundo, no se propuso suprimir parte alguna de ella. Esta es una ley que jamás puede ser abolida, pues permanece firme como fiel testigo en los cielos....

Existía desde el principio del mundo, habiendo sido escrita no en tablas de piedra sino en el corazón de todos los hijos de los hombres al salir de manos del Creador. Y no obstante estar ahora borradas en gran manera por el pecado las letras tiempo atrás escritas por el dedo de Dios, no pueden serlo del todo mientras tengamos conciencia alguna del bien y del mal. Cada parte de esta ley ha de seguir en vigor para toda la humanidad y por todos los siglos; porque no depende de ninguna consideración de tiempo ni de lugar ni de ninguna otra circunstancia sujeta a alteración, sino que depende de la naturaleza de Dios mismo, de la del hombre y de la invariable relación que existe entre uno y otro.” El Conflicto de los Siglos, 306

 

 

4. Características

La alteración de la ley de Dios implicó cambio en el orden de los mandamientos, supresión de algunos y adición de otros.

 

1er. CAMBIO

El primer mandamiento declara: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” Éxodo 20:3. Este principio ha desaparecido completamente de los mandamientos que se encuentran en cualquier catecismo.

 

2º. CAMBIO

El primer mandamiento ha sido sustituido por uno de completa adición humana: “Amarás a Dios sobre todas las cosas”.

 

3er. CAMBIO

El segundo mandamiento declara: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.” Éxodo 20:4-6. Este principio ha desaparecido completamente de los mandamientos que se encuentran en cualquier catecismo.

 

4º. CAMBIO

 El lugar del segundo mandamiento original ha sido tomado por el tercer mandamiento transformado.

 

5º. CAMBIO

 El tercer mandamiento declara: “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.” Éxodo 20:7. Este principio en su formulación original no se encuentra en ningún catecismo, sino una versión humana de éste: “No jurarás el nombre de Dios en vano”.

 

6º. CAMBIO

 En lugar del tercer mandamiento, en relación al orden original de los principios se colocó un mandamiento de completa invención humana: “Santificarás las fiestas.”

 

7º. CAMBIO

 El cuarto mandamiento declara: “Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.” Éxodo 20: 8-11. Este mandamiento no se encuentra en ningún catecismo.

 

8º. CAMBIO

 Al anular el cuarto mandamiento original se ha colocado únicamente la primer parte del quinto mandamiento original, que se encuentra así en los catecismos: “Honrarás a tu padre y tu madre.”

 

9º. CAMBIO

 El orden de los mandamientos ha sido violentado una vez más, pues el quinto mandamiento de Éxodo 20 se convierte en el cuarto del catecismo.

 

10º. CAMBIO

 El quinto mandamiento declara: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.” Éxodo 20:12, pero a éste se le ha eliminado la promesa y sólo conserva la primera parte en el catecismo.

 

11º. CAMBIO

 El sexto mandamiento declara: “No matarás” Éxodo 20:13. Este se mantiene en el catecismo con el mismo texto, pero ocupa el número quinto de los mandamientos; cambio de orden.

 

12º. CAMBIO

 El séptimo mandamiento declara: “No fornicarás” Éxodo 20:14. Este se mantiene en el catecismo con el mismo texto, pero ocupa el número sexto de los mandamientos; cambio de orden.

 

13º. CAMBIO

 El octavo mandamiento declara: “No hurtarás” Éxodo 20:15. Este se mantiene en el catecismo con el mismo texto, pero ocupa el número séptimo de los mandamientos; cambio de orden.

 

14º. CAMBIO

 El noveno mandamiento declara: “No levantarás falso testimonio contra tu prójimo” Éxodo 20:16. Este se mantiene en el catecismo con el mismo texto, pero ocupa el número octavo de los mandamientos; cambio de orden

 

15º. CAMBIO

 Al noveno mandamiento, original, se le ha añadido algo más, siendo la formulación que se encuentra en los catecismos la siguiente: “No levantarás falso testimonio, ni mentiras.”

 

16º. CAMBIO

 El décimo mandamiento declara: “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.” Éxodo 20: 17. Este mandamiento en su versión original no se encuentra en ningún catecismo.

 

17º. CAMBIO

 El décimo mandamiento ha sido reformulado y dividido en dos, de modo que se conservará el número de los mandamientos originales, ya que dos han sido completamente anulados.

 

18º. CAMBIO

 El noveno mandamiento del catecismo declara: “No desearás la mujer de tu prójimo”.

 

19º. CAMBIO

 El décimo mandamiento del catecismo declara: “No codiciarás las cosas ajenas”.

 

“La profecía había declarado que el papado pensaría “mudar los tiempos y la ley.” (Daniel 7: 25.) No tardó en iniciar esta obra. Para dar a los convertidos del paganismo algo que equivaliera al culto de los ídolos y para animarles a que aceptaran nominalmente el cristianismo, se introdujo gradualmente en el culto cristiano la adoración de imágenes y de reliquias. Este sistema de idolatría fue definitivamente sancionado por decreto de un concilio general. Para remate de su obra sacrílega, Roma se atrevió a borrar de la ley de Dios el segundo mandamiento, que prohíbe la adoración de las imágenes y a dividir en dos el último mandamiento para conservar el número de éstos.

El espíritu de concesión al paganismo fomentó aún más el desprecio de la autoridad del Cielo. Obrando por medio de directores inconversos de la iglesia, Satanás atentó también contra el cuarto mandamiento y trató de echar a un lado el antiguo sábado, el día que Dios había bendecido y santificado (Génesis 2:2, 3), para colocar en su lugar el día festivo observado por los paganos como “el venerable día del sol.” El Conflicto de los Siglos, 56

 

 

5. Referencias

A continuación se presentan algunas referencias históricas relacionadas al proceso evolutivo de la alteración de la ley de Dios por parte del papado.

“El culto de las imágenes... fue una de esas corrupciones del cristianismo que se introdujeron en la iglesia furtivamente y casi sin que se notaran. Esta corrupción no se desarrolló de un golpe, cual aconteció con otras herejías, pues en tal caso habría sido censurada y condenada enérgicamente, sino que, una vez iniciada en forma disfrazada y plausible, se fueron introduciendo nuevas prácticas una tras otra de modo tan paulatino que la iglesia se vio totalmente envuelta en idolatría no sólo sin enérgica oposición, sino sin siquiera protesta resuelta alguna; y cuando al fin se hizo un esfuerzo para extirpar el mal, resultó éste por demás arraigado para ello. . . . La causa de dicho mal hay que buscarla en la propensión idolátrica del corazón humano a adorar a la criatura más bien que al Creador. . . .

“Las imágenes y los cuadros fueron introducidos al principio en la iglesia no para que fueran adorados, sino para que sirvieran como de libros que facilitaran la tarea de enseñar a los que no sabían leer o para despertar en otros los sentimientos de devoción.

Difícil es decir hasta qué punto este medio correspondió al fin propuesto; pero aun concediendo que así fuera durante algún tiempo, ello no duró, y pronto los cuadros e imágenes puestos en las iglesias, en lugar de ilustrar, obscurecían la mente de los ignorantes y degradaban la devoción de los creyentes en lugar de exaltarla. De suerte que, por más que se quiso emplear unos y otros para dirigir los espíritus de los hombres hacia Dios, no sirvieron en fin de cuentas sino para alejarlos de él e inducirles a la adoración de las cosas creadas.” -J. Mendham, The Seventh General Council, the Second of Nicea, Introducción, págs. iii-vi.

Una relación de los procedimientos y decretos del Segundo Concilio de Nicea, 787 de J. C., convocado para instituir el culto de las imágenes, se encuentra en Baronio: Annales Ecclesíastici, tomo 9, págs. 391-407 (ed. de Amberes, 1612); J. Mendham, The Seventh General Council, the Second of Nicea; C. J. v. Hefelé, Histoire des Conciles, lib. 18, cap. 1, sec. 332, 333; cap. 2, sec. 345-352.

 

EDICTO DE CONSTANTINO

La ley dada por Constantino el 7 de marzo del año 321 de J. C relativa al día de descanso, era como sigue:

“Que todos los jueces, y todos los habitantes de la ciudad, y todos los mercaderes y artesanos descansen el venerable día del sol. Empero que los labradores atiendan con plena libertad al cultivo de los campos; ya que acontece a menudo que ningún otro día es tan adecuado para la siembra del grano o para plantar la viña; de aquí que no se deba dejar pasar el tiempo favorable concedido por el cielo. Codex Justinianus, lib. 3, tít. 12, párr. 2 (3).

“Descansen todos los jueces, la plebe de las ciudades, y los oficios de todas las artes el venerable día del sol. Pero trabajen libre y lícitamente en las faenas agrícolas los establecidos en los campos, pues acontece con frecuencia, que en ningún otro día se echa el grano a los surcos y se plantan vides en los hoyos más convenientemente, a fin de que con ocasión del momento no se pierda el beneficio concedido por la celestial providencia.”-Código de Justiniano, lib. 3, tít. 12, párr. 2 (3) (en la edición, en Latín y castellano, por García del Corral, del Cuerpo del derecho civil romano, tomo 4, pág. 333, Barcelona, 1892).

El original en latín se halla además en J. L. v. Mosheim: Institutionem Historia Ecclesiastica antiquioris et recensioris, sig. 4, parte 2, cap. 4, sec. 5, y en otras muchas obras.

El Diccionario Enciclopédico Hisp.- Amer., art. Domingo, dice: “El emperador Constantino, en el año 321, fue el primero que ordenó una rigurosa observación del domingo, prohibiendo toda clase de negocios jurídicos, ocupaciones y trabajos; únicamente se permitía a los labradores que trabajaran los domingos en faenas agrícolas, si el tiempo era favorable. Una ley posterior del año 425 prohibió la celebración de toda clase de representaciones teatrales, y finalmente en el siglo VIII se aplicaron en todo su rigor al domingo cristiano las prohibiciones del Sábado judaico.” El Conflicto de los Siglos, 740

 

 

 

6. Comentarios

El apóstol Pablo, en su segunda carta a los Tesalonicenses, predijo la gran apostasía que había de resultar en el establecimiento del poder papal. Declaró, respecto al día de Cristo: “Ese día no puede venir, sin que venga primero la apostasía, y sea revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición; el cual se opone a Dios, y se ensalza sobre todo lo que se llama Dios, o que es objeto de culto; de modo que se siente en el templo de Dios, ostentando que él es Dios.” (2 Tesalonicenses 2: 3, 4, V.M.)

Y además el apóstol advierte a sus hermanos que “el misterio de iniquidad está ya obrando.” (Vers. 7.) Ya en aquella época veía él que se introducían en la iglesia errores que prepararían el camino para el desarrollo del papado.

Poco a poco, primero solapadamente y a hurtadillas, y después con más desembozo, conforme iba cobrando fuerza y dominio sobre los espíritus de los hombres, “el misterio de iniquidad” hizo progresar su obra engañosa y blasfema. De un modo casi imperceptible las costumbres del paganismo penetraron en la iglesia cristiana. El espíritu de avenencia y de transacción fue coartado por algún tiempo por las terribles persecuciones que sufriera la iglesia bajo el régimen del paganismo. Mas habiendo cesado la persecución y habiendo penetrado el cristianismo en las cortes y palacios, la iglesia dejó a un lado la humilde sencillez de Cristo y de sus apóstoles por la pompa y el orgullo de los sacerdotes y gobernantes paganos, y substituyó los requerimientos de Dios por las teorías y tradiciones de los hombres. La conversión nominal de Constantino, a principios del siglo cuarto, causó gran regocijo; y el mundo, disfrazado con capa de rectitud, se introdujo en la iglesia. Desde entonces la obra de corrupción progresó rápidamente. El paganismo que parecía haber sido vencido, vino a ser el vencedor. Su espíritu dominó a la iglesia. Sus doctrinas, ceremonias y supersticiones se incorporaron a la fe y al culto de los que profesaban ser discípulos de Cristo.

Esta avenencia entre el paganismo y el cristianismo dio por resultado el desarrollo del “hombre de pecado” predicho en la profecía como oponiéndose a Dios y ensalzándose a sí mismo sobre Dios. Ese gigantesco sistema de falsa religión es obra maestra del poder de Satanás, un monumento de sus esfuerzos para sentarse él en el trono y reinar sobre la tierra según su voluntad.” El Conflicto de los Siglos, 54

 

 

7. Conclusión

En los primeros siglos el verdadero día de reposo, el sábado, había sido guardado por todos los cristianos, los cuales siendo celosos de la honra de Dios y creyendo que su ley es inmutable, respetaban escrupulosamente la santidad de sus preceptos. Pero Satanás procedió con gran sutileza por medio de sus agentes para llegar al fin que se propusiera. Para llamar la atención de las gentes hacia el domingo, fue declarado día de fiesta en honor de la resurrección de Cristo. Se celebraban servicios religiosos en ese día; no obstante se lo consideraba como día de recreo, y seguía guardándose piadosamente el sábado.

Con el fin de preparar el terreno para la realización de sus fines, Satanás indujo a los judíos, antes del advenimiento de Cristo, a que recargasen el sábado con las más rigurosas exacciones, de modo que su observancia fuese una pesada carga.

Aprovechándose luego de la falsa luz bajo la cual lo había hecho considerar, lo hizo despreciar como institución judaica.

Mientras que los cristianos seguían observando generalmente el domingo como día de fiesta alegre, el diablo los indujo a hacer del sábado un día de ayuno, de tristeza y de abatimiento para hacer patente su odio al judaísmo.

A principios del siglo IV el emperador Constantino expidió un decreto que hacía del domingo un día de fiesta pública en todo el Imperio Romano. El día del sol fue reverenciado por sus súbditos paganos y honrado por los cristianos; pues era política del emperador conciliar los intereses del paganismo y del cristianismo que se hallaban en pugna.

Los obispos de la iglesia, inspirados por su ambición y su sed de dominio, le hicieron obrar así, pues comprendieron que si el mismo día era observado por cristianos y paganos, éstos llegarían a aceptar nominalmente el cristianismo y ello redundaría en beneficio del poder y de la gloria de la iglesia.

Pero a pesar de que muchos cristianos piadosos fueron poco a poco inducidos a reconocer cierto carácter sagrado al domingo, no dejaron de considerar el verdadero sábado como el día santo del Señor ni de observarlo en cumplimiento del cuarto mandamiento.

Pero no paró aquí la obra del jefe engañador. Había resuelto reunir al mundo cristiano bajo su bandera y ejercer su poder por medio de su vicario, el orgulloso pontífice, que aseveraba ser el representante de Cristo.

Realizó su propósito valiéndose de paganos semiconvertidos, de prelados ambiciosos y de eclesiásticos amigos del mundo. Se convocaban de vez en cuando grandes concilios, en que se reunían los dignatarios de la iglesia de todas partes del mundo.

Casi en cada concilio el día de reposo que Dios había instituido era deprimido un poco más en tanto que el domingo era exaltado en igual proporción.

Así fue cómo la fiesta pagana llegó a ser honrada como institución divina, mientras que el sábado de la Biblia era declarado reliquia del judaísmo y se pronunciaba una maldición sobre sus observadores.

El gran apóstata había logrado ensalzarse a sí mismo “sobre todo lo que se llama Dios, o que es objeto de culto.” (2 Tesalonicenses 2: 4.) Se había atrevido a alterar el único precepto de la ley divina que señala de un modo infalible a toda la humanidad al Dios viviente y verdadero.

En el cuarto mandamiento Dios es dado a conocer como el Creador de los cielos y de la tierra y distinto por lo tanto de todos los dioses falsos.

Como monumento conmemorativo de la obra de la creación fue santificado el día séptimo como día de descanso para el hombre.

Estaba destinado a recordar siempre a los hombres que el Dios viviente es fuente de toda existencia y objeto de reverencia y adoración. Satanás se esfuerza por disuadir a los hombres de que se sometan a Dios y obedezcan a su ley; y por lo tanto dirige sus golpes especialmente contra el mandamiento que presenta a Dios como al Creador.

Los protestantes alegan ahora que la resurrección de Cristo en el domingo convirtió a dicho día en el día del Señor. Pero las Santas Escrituras en nada confirman este modo de ver. Ni Cristo ni sus apóstoles confirieron semejante honor a ese día. La observancia del domingo como institución cristiana tuvo su origen en aquel “misterio de iniquidad” (vers. 7) que ya había iniciado su obra en los días de San Pablo. ¿Dónde y cuándo adoptó el Señor a este hijo del papado? ¿Qué razón válida puede darse en favor de un cambio que las Santas Escrituras no sancionan?

En el siglo sexto el papado concluyó por afirmarse. El asiento de su poder quedó definitivamente fijado en la ciudad imperial, cuyo obispo fue proclamado cabeza de toda la iglesia. El paganismo había dejado el lugar al papado. El dragón dio a la bestia “su poder y su trono, y grande autoridad.” (Apocalipsis 13: 2, V.M.; véase el Apéndice.) Entonces empezaron a correr los 1260 años de la opresión papal predicha en las profecías de Daniel y en el Apocalipsis. (Daniel 7:25; Apocalipsis 13:5-7.) Los cristianos se vieron obligados a optar entre sacrificar su integridad y aceptar el culto y las ceremonias papales, o pasar la vida encerrados en los calabozos o morir en el tormento, en la hoguera o bajo el hacha del verdugo. Entonces se cumplieron las palabras de Jesús: “Seréis entregados aun de vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros. Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre.” (S. Lucas 21: 16, 17.) La persecución se desencadenó sobre los fieles con furia jamás conocida hasta entonces, y el mundo vino a ser un vasto campo de batalla. Por centenares de años la iglesia de Cristo no halló más refugio que en la reclusión y en la oscuridad. Así lo dice el profeta: “Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar aparejado de Dios, para que allí la mantengan mil doscientos y sesenta días.” (Apocalipsis 12: 6.)

El advenimiento de la iglesia romana al poder marcó el principio de la Edad Media. A medida que crecía su poder, las tinieblas se hacían más densas. La fe pasó de Cristo, el verdadero fundamento, al papa de Roma. En vez de confiar en el Hijo de Dios para obtener el perdón de sus pecados y la salvación eterna, el pueblo recurría al papa y a los sacerdotes y prelados a quienes él invistiera de autoridad. Se le enseñó que el papa era su mediador terrenal y que nadie podía acercarse a Dios sino por medio de él, y andando el tiempo se le enseñó también que para los fieles el papa ocupaba el lugar de Dios y que por lo tanto debían obedecerle implícitamente. Con sólo desviarse de sus disposiciones se hacían acreedores a los más severos castigos que debían imponerse a los cuerpos y almas de los transgresores. Así fueron los espíritus de los hombres desviados de Dios y dirigidos hacia hombres falibles y crueles; sí, aun más, hacia el mismo príncipe de las tinieblas que ejercía su poder por intermedio de ellos. El pecado se disfrazaba como manto de santidad. Cuando las Santas Escrituras se suprimen y el hombre llega a considerarse como ente supremo, ¿qué otra cosa puede esperarse sino fraude, engaño y degradante iniquidad? Al ensalzarse las leyes y las tradiciones humanas, se puso de manifiesto la corrupción que resulta siempre del menosprecio de la ley de Dios.” El Conflicto de los Siglos, 56-60

 

 

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